La cesárea humanizada

 

Por:Dr. Beltrán Lares Díaz

 

 

Parece una redundancia el término cesárea humanizada. Se refiere al hecho de convertir una de las intervenciones quirúrgicas más frecuentes (e injustificadas) de la actualidad en un hecho trascendente y vital para la pareja.
Se empieza por informar a toda mujer embarazada que la posibilidad de la cirugía es real, ya que  el mejor de los casos se puede complicar y ameritar el parto operatorio. Esto es muy diferente a “etiquetar” a la mujer el primer día de la visita prenatal con argumentos disfrazados de ciencia  que pretenden convencerle con maquiavélica anterioridad. Esto es visto en médicos que se pueden calificar de “cesareólogos” y no de verdaderos obstetras.
Es bien importante que los deseos de un parto normal y las expectativas elevadas de un nacimiento acuático, por ejemplo, sean tratadas en forma realista. El nivel de frustración de la mujer que termina en cesárea y la posibilidad de la depresión post  parto será mayor si este asunto no se maneja con anterioridad. Igualmente una explicación sincera, convincente y válida científicamente por parte del médico  del porqué de la elección de la cesárea, es aceptada y asimilada mejor y más fácilmente por ella y por su pareja.
Informarle de las molestias en momentos claves de la colocación de la anestesia y de la cirugía misma contribuye a que ellas entiendan lo que les sucede y alivien miedos y ansiedades prevenibles. Por ejemplo, al extraer al bebé, el ayudante presiona con mucha fuerza el fondo del útero empujando al bebé hacia fuera. Esa maniobra puede inducir una sensación de ahogo en la mujer que en esos instantes siente, angustiada, que no puede respirar. Justo antes de cerrar el abdomen, el cirujano revisa los órganos y limpia la cavidad abdominal. Esto puede  provocar dolor, náuseas y vómitos en la mujer. Al informarle de estos procedimientos, ella se prepara para pasar esos malestares con ejercicios respiratorios logrando evitar o reducir el uso de drogas que la “duermen”. En la cesárea humanizada lograr que no se usen sedantes beneficia a la mujer al conservarla más alerta y amantar a su hijo(a) apenas sale del quirófano.
La presencia del padre en la sala de cirugía se estimula al máximo, especialmente al hacer contacto visual con su pareja y tomarle de la mano. La idea no es tenerlo de camarógrafo inexperto filmando la cesárea y perdiéndose la experiencia emocional y de solidaridad humana propia del momento. Es un mito inaceptable decir que se desmayan. Personalmente los he visto  comprometidos, emocionados, llorando de alegría y desarrollar una admiración y respeto enorme por sus parejas.
Una vez que nace el bebé y es evaluado por el pediatra, recibe un baño tibio en brazos de su padre, su abuela o de una comadrona. Esta estimula el contacto visual con las caras alineadas del padre sin el cubre-boca. Se reducen la luz y el ruido. El bebé se relaja y activo, abre los ojos  explorando el mundo con sus sentidos. Es un baño de bienvenida y placer, no de limpieza aunque esto también se logra conservando el unto sebáceo que cubre y protege al recién nacido.
Luego se regresa al quirófano para contactar con mamá y a veces, en la recuperación inmediata y antes de la primera hora de nacido, el bebé ya succiona el pezón con avidez extraordinaria. Nuestra experiencia de inicio y continuación de la lactancia en mujeres que paren normalmente y de las que lo hacer por cesárea es similarmente exitosa. Y se prolonga por más de 6 meses en muchos casos.
Nos parece que este es un buen comienzo que humaniza la cesárea.